
Santiago, 23 de enero de 1840 - Talagante, 4 de mayo de 1923.
El veterano condecorado de dos guerras, "Contra España y Guerra del Pacífico", Domingo de Toro Herrera, se encontraba descansando después de lograr concretar su último gran proyecto: el Monumento a los Héroes de la Concepción, que le tomó décadas de lucha y que hoy se puede apreciar en el bandejón central de la principal avenida de nuestra capital, a pocos metros de la Estación Metro Los Héroes, a la que debe el nombre.
Su salud estaba quebrantada y se retiró a reponerla, cansado de tanto luchar en pro del bien de nuestra patria, por la dignidad de nuestros veteranos del 79, por dejar símbolos para que los mártires que rindieron sus vidas en la última gran guerra que Chile enfrentó, por lograr que cuando la Escuela Militar se cambiara hiciera el traslado del monumento que contiene los corazones de los oficiales héroes mártires de la Concepción a la Catedral de Santiago, lo que se logra el 1911. Después, sigue con la instalación del Monumento a los Héroes de la Concepción, cuya ejecución artística fue encomendada a la gran Rebeca Matte, quien se sintió tan comprometida con este homenaje que lo hace gratuitamente. Sus obras hoy las vemos en distintos lugares, y no son menores: la fundación del Club Hípico de Santiago, los monumentos recién señalados, la fundación de instituciones relevantes en la vida nacional como Cuerpo de Bomberos de Santiago, la SOFOFA, el Club Naval, el Regimiento Chacabuco, bibliotecas y mucha más obra muy larga para detallar y que habrían quedado olvidadas de no ser por la labor que nuestro Museo realiza, razón por la que tsmbién lleva su nombre.
Cuando el héroe fue llamado por la orden más siprema de todas para unirse a los batallones gloriosos que desde lo alto velan por el bien de la patria, tenía 83 años... Una vida triple en esos años, dados todos sus logros en lo social, educativo, político, militar, tecnológico, vial, etc. Siempre fue una inspiración para sus conciudadanos y dio constante apoyo a sus veteranos del 79, así también a la juventud como miembro de la Asociación Cristiana de Jóvenes.


Toro Herrera falleció en Talagante y fue trasladado a Santiago. Se realizaron las honras fúnebres en la Catedral de Santiago, siendo llorado por todos los que lo conocieron, por quienes su generosidad alcanzó y por aquellos de él sabían. Honores militares de una patria dolida por la pérdida de uno de sus mejores hijos, garante de la democracia, ejemplo en el campo de batalla de honor de generosidad para con los vencidos, dejando con su ejemplo la vara muy alta para sus pares diputados al caer herido en el campo de Batalla de Chorrillos al frente de sus hombres, pero aun sangrando al ser traspasada su cadera por un bala enemiga se negó a abandonar el campo de batalla, y al no poder caminar, montó dos caballos 45 minutos la primera vez y 15 la segunda, cayendo acribillados ambos equinos y recibiendo otra herida en un brazo, desmayándose por la profusa pérdida de sangre y siendo llevado una hora después para a ser atendido por los médicos... Así eran los héroes de entonces.
Su visión para el progreso de Chile la tuvo desde muy joven, razón por la que estudió Ingeniería. Y vemos en sus registros como congresista que fue miembro de ambas cámaras; que su huella está en la instalación de líneas férreas o en el apoyo a nuevas tecnologías como el teléfono y energía eléctrica. Los trenes para él se comprendían para unir Chile, así como el desarrollo de las provincias, la conexión con la capital y el progreso, por lo que apoyó la extensión ferroviaria de norte a sur. También relacionaba el desarrollo con la educación por lo que se integró en la Sociedad de Instrucción Primaria y fue su presidente al poco tiempo, fundando una biblioteca y uniéndose a la Asociación Cristiana de Jóvenes, además de realizar constantes apoyos al mundo educativo.
Aquél era el voluminoso panegírico del jombre que era despedido, y cuya muerte sintieron tanto en el Ejército como Armada, de la que fue máximo jefe en dos períodos, por políticos, por la juventud chilena, por hogares de ancianos, por sus ya viejos camaradas de armas de la Guerra del Pacífico; y no sólo en Santiago, pues su huella quedó impregnada en Valparaíso, en Rere, Coquimbo y La Serena.
Podremos ver en las fotos adjuntas que su funeral fue como figura de Estado, y cómo las máximas autoridades del país llevaron el ataúd que contenía al noble general con su cansado cuerpo, consumido por las preocupaciones de una patria a la que amó tanto, por la que no dudó en dar su vida en la guerra.
Y es imposible no recordarle a Ud., estimado lector, que Toro Herrera fue un voluntario civil que se hace militar, o que en su persona se aunaron estos mundos que parecen tan diferentes: el militar, el político y el actor social... Él demostró que se podía y su vida fue un ejemplo constante de cómo podemos aportar positivamente a nuestra patria, con un ejemplo que hoy cobra gran fuerza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario